miércoles, 30 de septiembre de 2009
El ojo de la llave (parte I) - Ramón de Campoamor
El ojo de la llave
_______ No te ocupes de cosas ajenas ni
________te entremetas en las cosas de los mayores
__________________________ Kempis, lib. XI.I
I. A los quince años
Dos hablan dentro muy quedo;
Rosa, que a espiar comienza,
oye lo que le da miedo,
ve lo que le da vergüenza.
Pues ¿qué hará, que así la espanta,
su amiga, a quien cree una santa?
No sé qué le da sonrojo,
mas... debe ser algo grave
por el ojo,
por el ojo de la llave.
El corazón se le salta
cuando oye hablar, y después
mira..., mira... y casi falta
la tierra bajo sus pies.
¡Ay! Si ya a vuestra inocencia
no desfloró la experiencia,
no miréis por el anteojo
del rayo de luz que cabe
por el ojo,
por el ojo de la llave.
Desde que a mirar empieza,
de un volcán la ebullición
sube a encender su cabeza,
va a inflamar su corazón.
Claro, el ser que piensa y siente
siempre, cual ella, en la frente
tendrá del pudor el rojo
cuando de mirar acabe
por el ojo,
por el ojo de la llave.
De aquel anteojo a merced
mira más..., y más... y más...
y luego siente esa sed
que no se apaga jamás.
Mas ¿qué ve tras de la puerta
que tanto su sed despierta?
¿Qué? Que, a pesar del cerrojo,
ve de la vida la clave
por el ojo,
por el ojo de la llave.
Haciendo al peligro cara,
ve caer su ingenuidad
la barrera que separa
la ilusión de la verdad.
Pero ¿qué ha visto, señor?
Yo sólo diré al lector
que no hallará más que enojo
todo el que la vista clave
por el ojo,
por el ojo de la llave.
Siguen sus ojos mirando
que habla un hombre a una mujer,
y van su cuerpo inundando
oleadas de placer.
Su amiga, de gracia llena,
¿no es muy buena? ¡Ah!, ¡sí, muy buena!...
Pero ¿hay alguien cuyo arrojo
de ser mirado se alabe
por el ojo,
por el ojo de la llave?
__________________________El ojo de la llave (parte I)
__________________________Ramón de Campoamor
_______ No te ocupes de cosas ajenas ni
________te entremetas en las cosas de los mayores
__________________________ Kempis, lib. XI.I
I. A los quince años
Dos hablan dentro muy quedo;
Rosa, que a espiar comienza,
oye lo que le da miedo,
ve lo que le da vergüenza.
Pues ¿qué hará, que así la espanta,
su amiga, a quien cree una santa?
No sé qué le da sonrojo,
mas... debe ser algo grave
por el ojo,
por el ojo de la llave.
El corazón se le salta
cuando oye hablar, y después
mira..., mira... y casi falta
la tierra bajo sus pies.
¡Ay! Si ya a vuestra inocencia
no desfloró la experiencia,
no miréis por el anteojo
del rayo de luz que cabe
por el ojo,
por el ojo de la llave.
Desde que a mirar empieza,
de un volcán la ebullición
sube a encender su cabeza,
va a inflamar su corazón.
Claro, el ser que piensa y siente
siempre, cual ella, en la frente
tendrá del pudor el rojo
cuando de mirar acabe
por el ojo,
por el ojo de la llave.
De aquel anteojo a merced
mira más..., y más... y más...
y luego siente esa sed
que no se apaga jamás.
Mas ¿qué ve tras de la puerta
que tanto su sed despierta?
¿Qué? Que, a pesar del cerrojo,
ve de la vida la clave
por el ojo,
por el ojo de la llave.
Haciendo al peligro cara,
ve caer su ingenuidad
la barrera que separa
la ilusión de la verdad.
Pero ¿qué ha visto, señor?
Yo sólo diré al lector
que no hallará más que enojo
todo el que la vista clave
por el ojo,
por el ojo de la llave.
Siguen sus ojos mirando
que habla un hombre a una mujer,
y van su cuerpo inundando
oleadas de placer.
Su amiga, de gracia llena,
¿no es muy buena? ¡Ah!, ¡sí, muy buena!...
Pero ¿hay alguien cuyo arrojo
de ser mirado se alabe
por el ojo,
por el ojo de la llave?
__________________________El ojo de la llave (parte I)
__________________________Ramón de Campoamor
domingo, 27 de septiembre de 2009
Própositos Vanos - Ramón de Campoamor
LA PENITENTE
- Padre, pequé, y perdonad
si en mi amorosa contienda
se lleva el viento, a mi edad,
propósitos de la enmienda.
EL CONFESOR
- ¡Siempre es viento
a esa edad un juramento!
¿Qué pecado es, hija mía?
LA PENITENTE
- El mismo del otro día.
Y, aunque es el mismo, id templando
vuestro gesto,
pues dijo ayer predicando
fray Modesto,
que es inútil la más pura
contrición,
si abona nuestra ternura
flaquezas del corazón.
Ayer, padre, por ejemplo,
tocó a misa el sacristán,
y en vez de correr al templo
corrí a la huerta con Juan.
EL CONFESOR
- ¡Triste don,
correr tras su perdición!...
LA PENITENTE
- Si, señor; mas don tan vil,
de mil, lo tenemos mil.
No hay niña que a amor no acuda
más que a misa;
que el diantre a todas, sin duda,
nos avisa
que es inútil la más pura
contrición,
si abona nuestra ternura
flaquezas del corazón.
La verdad, tan poco ingrata
con Juan estuve en la huerta,
que, como él mirando mata,
huí de él... como una muerta.
EL CONFESOR
- ¡Dulcemente
fascina así la serpiente!
LA PENITENTE
- No lo extrañéis, siendo el pecho
de masa tan frágil hecho.
Si voy, cuando muera, al cielo
(que lo dudo),
ya contaré que en el suelo
nunca pudo
sernos útil la más pura
contrición,
si abona nuestra ternura
flaquezas del corazón.
Y mañana ¿qué he de hacer,
padre, al sonar la campana,
si él me dice hoy, como ayer:
"Vuelve a la huerta mañana"?
EL CONFESOR
- ¡Ay de vos!
¡Antes Dios y siempre Dios!
LA PENITENTE
- Es cierto, mas entre amantes
no siempre suele ser antes.
Y, en fin, si de ser cautiva
me arrepiento,
o me absolvéis mientras viva,
o presiento
que es inútil la más pura
contrición
si abona nuestra ternura
flaquezas del corazón.
______________Própositos Vanos
______________Ramón de Campoamor
- Padre, pequé, y perdonad
si en mi amorosa contienda
se lleva el viento, a mi edad,
propósitos de la enmienda.
EL CONFESOR
- ¡Siempre es viento
a esa edad un juramento!
¿Qué pecado es, hija mía?
LA PENITENTE
- El mismo del otro día.
Y, aunque es el mismo, id templando
vuestro gesto,
pues dijo ayer predicando
fray Modesto,
que es inútil la más pura
contrición,
si abona nuestra ternura
flaquezas del corazón.
Ayer, padre, por ejemplo,
tocó a misa el sacristán,
y en vez de correr al templo
corrí a la huerta con Juan.
EL CONFESOR
- ¡Triste don,
correr tras su perdición!...
LA PENITENTE
- Si, señor; mas don tan vil,
de mil, lo tenemos mil.
No hay niña que a amor no acuda
más que a misa;
que el diantre a todas, sin duda,
nos avisa
que es inútil la más pura
contrición,
si abona nuestra ternura
flaquezas del corazón.
La verdad, tan poco ingrata
con Juan estuve en la huerta,
que, como él mirando mata,
huí de él... como una muerta.
EL CONFESOR
- ¡Dulcemente
fascina así la serpiente!
LA PENITENTE
- No lo extrañéis, siendo el pecho
de masa tan frágil hecho.
Si voy, cuando muera, al cielo
(que lo dudo),
ya contaré que en el suelo
nunca pudo
sernos útil la más pura
contrición,
si abona nuestra ternura
flaquezas del corazón.
Y mañana ¿qué he de hacer,
padre, al sonar la campana,
si él me dice hoy, como ayer:
"Vuelve a la huerta mañana"?
EL CONFESOR
- ¡Ay de vos!
¡Antes Dios y siempre Dios!
LA PENITENTE
- Es cierto, mas entre amantes
no siempre suele ser antes.
Y, en fin, si de ser cautiva
me arrepiento,
o me absolvéis mientras viva,
o presiento
que es inútil la más pura
contrición
si abona nuestra ternura
flaquezas del corazón.
______________Própositos Vanos
______________Ramón de Campoamor
jueves, 24 de septiembre de 2009
La orgía - José Zorrilla
La sombra nos cobija
con su tapiz de duelo:
cansado ya del cielo
el sol se hundió en la mar.
El mundo duerme imbécil,
vacilan las estrellas;
en torno a las botellas
venid a delirar.
Venid niñas sedientas
de libertad y amores,
que fiestas y licores
dan libertad y amor.
Húmedos de esperanza
traed los ojos bellos,
sin trenzas los cabellos,
la frente sin rubor.
La vida es una farsa
hipócrita y demente,
y el mundo indiferente
se cansa del placer;
el mundo se ha dormido;
romped vuestros papeles,
dejad los oropeles
que vano os prestó ayer.
Dejad de esa comedia
el torpe fingimiento,
ahogad el preso aliento
con larga libación.
La sombra, si ese cielo
su luz tiende importuna,
envolverá la luna
en tocas de crespón.
¡Oh!, lejos de los ojos
de la curiosa plebe,
la copa en que se bebe
nos abre un ancho Edén;
el fondo cristalino
las luces multiplica,
y de vapores rica
perfuma nuestra sien.
Los labios desfrenados,
la lengua desatada,
en larga carcajada
prorrumpen sin cesar.
La lumbre de los ojos
inquieta y licenciosa,
los ojos de una hermosa
se afana en reflejar.
Venid a los festines
avaras de placeres,
que el cielo en las mujeres
atesoró el placer.
Venid, niñas, sin cuitas
desnudo el albo seno,
porque quiero el veneno
de vuestro amor beber-
[...]
De cada ardiente beso
el lúbrico estallido
rasgará el sostenido
murmullo bacanal;
como reloj deshecho
que sin marcar las horas,
sacude las sonoras
campanas de metal.
El mundo duerme, niñas,
bebamos y cantemos,
que más no sacaremos
del mundo engañador;
húmedos de esperanza
traed los ojos bellos,
sin trenzas los cabellos,
la frente sin rubor.
Venid, y mal prendidos
los velos y los chales,
prodiguen liberales
la luz de vuestra tez:
los ondulantes rizos
flotando por la espalda,
la mal ceñida falda
mintiendo desnudez.
Y las de negros ojos
que ostenten su mirada
altiva, enamorada,
con infernal pasión,
y las rubias ostenten
sin máscaras de tules,
las pupilas azules,
y rojo el corazón.
La noche se desliza,
su llama el sol enciende,
el día nos sorprende,
va el mundo a despertar.
¡Cantemos y bebamos,
que cuando venga el día
el sueño de la orgía
le volverá a apagar!
_______________________La orgía
_______________________José Zorrilla
con su tapiz de duelo:
cansado ya del cielo
el sol se hundió en la mar.
El mundo duerme imbécil,
vacilan las estrellas;
en torno a las botellas
venid a delirar.
Venid niñas sedientas
de libertad y amores,
que fiestas y licores
dan libertad y amor.
Húmedos de esperanza
traed los ojos bellos,
sin trenzas los cabellos,
la frente sin rubor.
La vida es una farsa
hipócrita y demente,
y el mundo indiferente
se cansa del placer;
el mundo se ha dormido;
romped vuestros papeles,
dejad los oropeles
que vano os prestó ayer.
Dejad de esa comedia
el torpe fingimiento,
ahogad el preso aliento
con larga libación.
La sombra, si ese cielo
su luz tiende importuna,
envolverá la luna
en tocas de crespón.
¡Oh!, lejos de los ojos
de la curiosa plebe,
la copa en que se bebe
nos abre un ancho Edén;
el fondo cristalino
las luces multiplica,
y de vapores rica
perfuma nuestra sien.
Los labios desfrenados,
la lengua desatada,
en larga carcajada
prorrumpen sin cesar.
La lumbre de los ojos
inquieta y licenciosa,
los ojos de una hermosa
se afana en reflejar.
Venid a los festines
avaras de placeres,
que el cielo en las mujeres
atesoró el placer.
Venid, niñas, sin cuitas
desnudo el albo seno,
porque quiero el veneno
de vuestro amor beber-
[...]
De cada ardiente beso
el lúbrico estallido
rasgará el sostenido
murmullo bacanal;
como reloj deshecho
que sin marcar las horas,
sacude las sonoras
campanas de metal.
El mundo duerme, niñas,
bebamos y cantemos,
que más no sacaremos
del mundo engañador;
húmedos de esperanza
traed los ojos bellos,
sin trenzas los cabellos,
la frente sin rubor.
Venid, y mal prendidos
los velos y los chales,
prodiguen liberales
la luz de vuestra tez:
los ondulantes rizos
flotando por la espalda,
la mal ceñida falda
mintiendo desnudez.
Y las de negros ojos
que ostenten su mirada
altiva, enamorada,
con infernal pasión,
y las rubias ostenten
sin máscaras de tules,
las pupilas azules,
y rojo el corazón.
La noche se desliza,
su llama el sol enciende,
el día nos sorprende,
va el mundo a despertar.
¡Cantemos y bebamos,
que cuando venga el día
el sueño de la orgía
le volverá a apagar!
_______________________La orgía
_______________________José Zorrilla
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